Sistemas de revocación del testamento: Una visión desde el Derecho Cubano

AuthorJulián A. Collado Betancourt
PositionProfesor Auxiliar de Derecho Civil, Facultad de Derecho, Universidad de Camagüey
Pages63-89
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Recibido el 25 de noviembre de 2011
Aprobado el 27 de diciembre de 2011
Ms. C. Julián A. COLLADO BETANCOURT
Profesor Auxiliar de Derecho Civil,
Facultad de Derecho, Universidad de Camagüey.
RESUMEN
Dos grandes sistemas revocatorios existen en la actualidad: el de
revocación tácita, originado en el Derecho romano y, el de revocación
expresa, nacido en la época moderna. El primero cierra el paso a la
labor interpretativa y niega la posibilidad de coexistencia de dos o
más testamentos. El segundo, al entender revocadas por el testamento
posterior sólo aquellas disposiciones del anterior que le son opuestas,
admite la coexistencia de dos o más testamentos otorgados por el
testador entendiendo revocadas, exclusivamente, las disposiciones
contrarias al último. El Código Civil cubano sigue aferradamente el
sistema de revocación tácita, desconociendo las ventajas que
reportaría, en el orden de la sucesión testamentaria abrazar el sistema
de revocación expresa.
PALABRAS CLAVE
Testamento, sucesión testamentaria, revocación, revocación expresa,
revocación tácita, sistemas revocatorios.
Dr. Julián A. COLLADO BETANCOURT
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ABSTRACT
There are two great revocation systems nowadays: Roman Law’s tacit
revocation and the more contemporary express revocation. The former
prevents both interpretation and the coexistence of two or more
testaments, while the latter only takes as revoked the provisions in the
previous testament that oppose any of the second one and allows for
two or more testaments by the same testator, only taking as revoked
any provision contrary to the last one. The Cuban Civil Code still clings
to the tacit revocation system without realizing the potential
advantages in terms of testate succession provided by the express
revocation system.
KEY WORDS
Testament, testate succession, revocation, express revocation, tacit
revocation, revocatory system.
SUMARIO:
1. Introducción. 2.
“Ambulatoria est voluntas defunti usque ad vital
supremun exitum”.
Autonomía de la voluntad y esencial revocabilidad
de las disposiciones testamentarias, ¿eternas compañeras? 3. ¡O todo
o nada! El sistema de revocación tácita implantado por el Derecho
Romano. 4. Las
cláusulas derogatorias de disposiciones futuras
y las
cláusulas ad cautelam.
¿Comprometidas la libertad de testar y la
esencial revocabilidad de las disposiciones testamentarias? 5. El
rescate del principio de la esencial revocabilidad del testamento como
garantía a la libertad de testar. 6. Las luces de la Revolución Francesa
y la nueva concepción de la “revocación expresa” de las disposiciones
testamentarias. 7. La aferrada afiliación en el Código Civil español a la
concepción romana del sistema de revocación tácita y la dulcificante
doctrina y jurisprudencia española en pro del sistema de revocación
expresa. 8. El Código Civil cubano de 1987 y el principio de la
esencial revocabilidad de las disposiciones testamentarias. 9. El
sistema de revocación tácita en Cuba. De España nos vino e incólume
se quedó. 10. A manera de epílogo.
Sistemas de revocación del testamento: Una visión desde el Derecho cubano.
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1.
Introducción
La muerte es uno de los acontecimientos naturales que mayor número de
efectos jurídicos genera. No sólo constituye el límite a la vida, supone
también el cese del ejercicio de derechos y del cumplimiento de
obligaciones por parte de quien fallece, titularidad que deberá ser
transmitida en forma sucesoria como “... garantía para así, evitar que tras la
muerte, se extingan las últimas y queden expuestos los primeros a las
personas que libremente deseen apropiárselos”1. La necesidad de ordenar y
regular la transmisión del patrimonio del causante a sus herederos
determinó la aparición del Derecho de sucesión por causa de muerte
(sucesión mortis causa). Inicialmente aparece como sucesión intestada, la
sucesión testamentaria es el resultado de un largo proceso evolutivo,
determinado por la individualización cada vez mayor de la propiedad,
haciendo que ésta perdure aun después de la muerte de la persona
individual, concibiéndose la idea de proteger la voluntad del ser humano
con posterioridad a su muerte y considerar extendida la personalidad del
hombre más allá de ese límite.
2.
“Ambulatoria est voluntas defunti usque ad vital supremun exitum”.
Autonomía de la voluntad y esencial revocabilidad de las disposiciones
testamentarias, ¿eternas compañeras?
Fue en el mundo romano, con su inusitado desarrollo de las relaciones de
propiedad, donde emergió la sucesión testamentaria o voluntaria como
forma privilegiada de sucesión. En este marco de afianzamiento definitivo
del individuo, propietario y autónomo, frente a la familia romana se impuso
la idea de disponer con libertad de los bienes, como una facultad dominica,
soberana, extendida hasta después de la muerte y materializada en la figura
jurídica del testamento2. La última voluntad del causante, expresada en su
testamento, constituyó la forma de delación de la herencia más importante
en el Derecho romano, a tal punto que llegó a considerarse una desgracia el
fallecer intestado.
En el Derecho romano, el testamento devino en la ley de la sucesión (lex
successionis), la disposición testamentaria se fundamentaba en el ejercicio
del principio de la autonomía de la voluntad como medio de ordenación de
1 DE COSSÍO, Alfonso, Instituciones de Derecho Civil, tomo II. Alianza Universidad,
Madrid, 1975, p. 874.
2 Esta idea se encuentra por primera vez expresada en la Ley de las XII Tablas,
cuando en su V Tabla, referida a las herencias y tutelas, expresa: “Del modo que el
padre de familia disponga en testamento de sus bienes y de la tutela de los que
tenga en su poder, valga”. Vid. FERNÁNDEZ BULTÉ, Julio, Delio CARRERAS CUEVAS,
Rosa María YÁÑEZ GARCÍA, Manual de Derecho Romano, 4ª reimpresión, Editorial
Pueblo y Educación, 1991.
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la última voluntad manifiesta por el pater familiae, quien representaba sus
propios intereses y autárquicamente podía disponer de sus bienes como
tuviese por conveniente orientando, según sus designios, el destino de las
relaciones de contenido patrimonial y no patrimonial que tras su muerte
formaban su herencia.
Siendo el pater familiae romano, señor de sus pretensiones, libre de obrar y
de disponer de sus bienes e incluso, de ejercer el derecho de vida y muerte
sobre los miembros del grupo familiar, nada obstaba para que, conforme
con su voluntad y libre albedrío, pudiera revocar el testamento otorgado
cuando juzgara que su contenido ya no correspondía a una ulterior voluntad
suya.
La doctrina tradicional encuentra el carácter esencialmente revocable del
testamento en la máxima de ULPIANO que expresa: ambulatoria est voluntas
defunti usque ad vital supremum exitum3. La revocación del testamento
nace pues como un precepto de autonomía privada, de autarquía. La
naturaleza mortis causa del testamento y su carácter no vinculante
justifican, ya desde la época romana, su irrelevancia jurídica antes del
fallecimiento y determinan su esencial revocabilidad. Nada puede oponerse
a la revocación del testamento. De tal forma, el testador puede mudar en
cualquier momento su voluntad, cambiando sus disposiciones (sin que
pueda, por tanto, aplicársele la teoría de los actos propios), dejando sin
efecto o modificando las anteriores, para lo cual no es exigible la existencia
de una causa justa que explique tal conducta (el testamento es revocable ad
nutum). Como la derogación de la ley en período de vacatio, la revocación del
testamento es un acto que determina la ineficacia del testamento como
precepto de Derecho privado.
La facultad revocatoria, permitida al testador en el Derecho romano, fue
concebida con tanta firmeza, que llegó a considerarse nula toda cláusula en
la que el testador se comprometiese a no cambiar su manifestación de
última voluntad y la estipulatio poenae encaminada a garantizar tal
compromiso. No obstante, el testamento no podía ser invalidado con una
manifestación de voluntad, contraria al mismo, hecha en cualquier forma; la
revocación del testamento exigió formas precisas y fue regulada de distinta
manera por el Derecho Civil, por el Derecho pretoriano y por el Derecho de
la época justinianea.
El Derecho romano clásico, formalista y rígido, no admitió que una simple
manifestación de voluntad del testador (contraria a la anteriormente
3 “La voluntad del causante es variable hasta el supremo momento de la muerte”.
ULPIANO, 33 Sab. D. 34, 4,4., cit. pos., REINOSO BARBERO, Fernando, Los principios
generales del Derecho en la jurisprudencia del Tribunal Supremo. Formularios de
Recursos de Casación Civil, Penal, Laboral y Apelación Contencioso
Administrativa, Dykinson, Madrid, 1987, p. 8.
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expresada), o la ruptura del documento contentivo del testamento (tabulae),
determinaran la revocación y sólo era válido, a tal efecto, el otorgamiento
de un nuevo testamento conteniendo la manifestación de última voluntad.
Sobre la base del principio “nemo potest cum duobos pluribusve testamentis
decedere”4, el sistema revocatorio implantado por el Derecho romano
ofrecía la ventaja de no dejar margen a dudas en cuanto a la revocación, ni
paso a las interpretaciones del testamento; de tal forma se sentó el principio
de que un testamento no puede revocarse sino otorgando un nuevo
testamento y, en correspondencia, todo testamento posterior revoca forzosa
y totalmente al anterior. No podía mantenerse, en lo más mínimo, ninguna
de las disposiciones del testamento anterior si no eran reproducidas
enteramente en el posterior; siendo necesario otorgar un nuevo testamento
con su correspondiente institución de heredero. Si el ulterior testamento, por
cualquier causa, resultaba invalidado entonces se abría la sucesión intestada.
El Derecho pretorio, más dúctil y omnicomprensible, resultado de las
nuevas condiciones socio-económicas del desarrollo de Roma, estableció,
atendiendo a la intención del testador, que la rotura de las tabulae del
testamento, sus sellos o el haber borrado la institución de heredero reflejaba
visiblemente su intención revocatoria; y en consecuencia el testamento
quedaba revocado sin haberse otorgado un nuevo testamento; dado el caso
el pretor otorgaba la bonorum possessio a los herederos ab intestato de no
existir un testamento anterior o, ante la existencia de éste, al heredero
instituido en él (bonorum possessio secudum tabulas). En la época del Bajo
Imperio y en el Derecho Justinianeo se conocen además otras formas de
revocación: la revocación apud acta (Teodosio II y Honorio habían
declarado caducados los testamentos a los diez años de su fecha de
otorgamiento, podía entonces revocarse el testamento previa declaración
ante la autoridad pública y tres testigos), esta disposición no fue acogida por
la compilación justinianea y, la revocación por un testamento posterior
imperfecto, regla atribuida a Teodosio II y Valentiniano III, si en él eran
instituidos los herederos ab intestato, disposición que se incluyó en el
Corpus Iuris Civilis.
En el Derecho romano la sucesión testamentaria adquirió gran
desenvolvimiento e importancia; ello llevó a CASTÁN TOBEÑAS a afirmar:
“El testamento puede ser considerado uno de los mayores aportes de la
civilización romana al Derecho moderno. Este tiene importancia
extraordinaria en la conciencia social de su época; así, según CICERÓN, ‘es
4 Ninguno puede morir con dos o más testamentos”. Vid. LÓPEZ DE RUEDA, José,
Algunos principios y definiciones del Derecho Romano, escogidos por el
Catedrático de dicha asignatura en la Universidad de Sevilla, Don José López de
Rueda, para ilustración de su programa. Escuelas de Artes y Oficios, Sevilla, 1916,
Lección 67, p. 23. Se trata de una edición digital fotográfica facsimilar del original
perteneciente al fondo bibliográfico de la Facultad de Derecho de la Universidad de
Sevilla, Formato PDF, disponible en la Biblioteca Jurídica virtual “Renaldo
Payarés”, de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, en la Ciudad de Camagüey.
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el acto más grave de la vida del civil, como lo es la lex en la órbita pública’.
Tanto era su valor, que respondía en un tiempo a la exigencia no ya de
perpetuar la sacra, ya que éstos eran independientes de las disposiciones de
última voluntad, sino de mantener la unidad patrimonial de la familia bajo
un nuevo jefe, y tenía sus profundas raíces en la tradicional inspiración
individualista del derecho y en la sociedad romana, en la cual la certeza de
la eficacia de la propia voluntad ultra mortem se consideraba como solitium
mortis5. De allí la importancia que le atribuyeron a la libertad de testar y a
la facultad revocatoria concedida al testador. Siendo incompatibles, en el
Derecho romano, la sucesión testada con la intestada conforme lo establecía
el principio “Nemo potest pro parte testatus, pro parte intestatus
decedere”6 y ante la necesidad de la institución de heredero como
solemnidad para la validez del testamento, los romanos no admitieron que
una persona pudiera morir con dos o más testamentos válidos y, por lo
tanto, el posterior derogaba totalmente al anterior.
3. ¡O todo o nada! El sistema de revocación tácita implantado por el
Derecho Romano
El sistema revocatorio instaurado por el Derecho romano al considerar que
el testamento posterior perfecto revoca al anterior, y al no admitir la
coexistencia de varios testamentos válidos impone terminantemente la
revocación y cierra el paso a cualquier actividad interpretativa del
testamento, quedando tácitamente revocada la anterior manifestación de
última voluntad al otorgarse, de modo válido, una nueva. Al respecto,
RIVAS MARTÍNEZ expresa: “Por tanto en el Derecho Romano el testamento
posterior revocaba necesariamente de modo total al testamento anterior,
aunque las disposiciones de ambos hubieran podido resultar compatibles,
pues los principios de la necesidad de la institución de herederos y el de
universalidad de esta institución no dejaban resquicio para la simultánea
validez de los dos testamentos”7. El sistema es sencillo pero, su principal
ventaja, puede conducir a efectos no queridos por el testador e incluso a
resultados injustos.
La crisis del régimen esclavista romano, la irrupción de los pueblos
germanos y la conquista de los territorios de las otrora provincias romanas
y, la definitiva caída y desmembramiento del Imperio Romano de
Occidente, abrieron paso a la lenta formación del feudalismo; las constantes
guerras e invasiones de tártaros, húngaros, normandos y sarracenos, el
5 CASTÁN TOBEÑAS, José, Derecho Civil Español. Común y Foral, tomo VI-Derecho
de Sucesiones, 9ª ed., Reus, Madrid, 1989, p. 37.
6 “Ninguno puede morir parte testado, y en parte intestado”. Vid. LÓPEZ DE RUEDA,
J., Algunos principios…, cit., p. 23.
7 RIVAS MARTÍNEZ, Juan José, Derecho de Sucesiones Común y Foral, tomo II, vol.
2º, 3ª ed., Dykinson, Madrid, 2005, p. 750.
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régimen de dependencias personales generado por los sentimientos de
inseguridad de las personas, la entronización y generalización del
cristianismo, la agrarización de la economía y la casi desaparición de la
economía mercantil determinaron, entre muchos otros factores, una crisis y
un retroceso de la cultura; la ciencia jurídica romana se eclipsa durante
siglos, no obstante el Derecho Romano prejustineaneo, adulterado, pervive
y subyace en el Derecho de los diferentes troncos germanos e imbricado con
el Derecho canónico.
El siglo XII, con el renacer de la economía mercantil y el resurgir de las
ciudades europeas (fundamentalmente mediterráneas) marcó un hito vital
en el orden jurídico, el renacer del Derecho Romano contenido en el Corpus
Iuris Civilis del Emperador JUSTINIANO, redescubierto por los glosadores o
comentaristas y desarrollado por sus sucesores los post glosadores, labor
que produjo un impacto trascendental que no sólo afectó el resto de la Edad
Media sino también a la Era moderna y contemporánea. El Derecho romano
y en especial la sucesión por causa de muerte, fue poco afectada por el
Derecho feudal, al decir de SUMMER MAINE: “El feudalismo interrumpió su
desarrollo mucho menos que el de la mayor parte de las ramas del derecho.
Es indudable que se ha exagerado mucho la ruptura causada por la
transición de la historia antigua á la moderna, ó sea por la disolución del
imperio romano: en muchos escritores, porque les ha parecido molesto
buscar los hilos de una trama oculta bajo seis siglos de perturbaciones; en
otros, no faltos de paciencia y capacidad, porque se lo ha vedado el vano
orgullo del derecho de su país y la repugnancia á ser deudores del romano”8.
4. Las
cláusulas derogatorias de disposiciones futuras
y las
cláusulas ad
cautelam.
¿Comprometidas la libertad de testar y la esencial
revocabilidad de las disposiciones testamentarias?
En la Edad Media se mantuvo el plan romano en cuanto a la revocación del
testamento, aunque se admitieron frenos a la facultad revocatoria, tal es el
caso de las cláusulas derogatorias de disposiciones futuras y las cláusulas
ad cautelam; tanto unas como las otras fueron ajenas al Derecho romano.
Por las primeras el testador se comprometía a no modificar su declaración
de última voluntad, dándola como definitiva, lo cual suponía una coartación
del derecho del testador a revocar el testamento otorgado e impedía la
8 SUMNER MAINE, Henry, El Derecho Antiguo (Ancient Law) considerado en sus
relaciones con la historia de la sociedad primitiva y con las ideas modernas, Parte
Especial, traducción del francés, cotejada con el original, por A. Guerra, Tipografía
de Alfredo Alonso, Madrid, 1893, p. 6. Edición digital fotográfica facsimilar del
original perteneciente al fondo bibliográfico de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Sevilla, formato PDF, disponible en la Biblioteca Jurídica virtual
“Renaldo Payarés”, de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, en la Ciudad de
Camagüey.
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expresión de su verdadera última voluntad9; por las segundas, el testador se
comprometía a no revocar su testamento a menos que lo hiciera utilizando,
en el testamento revocatorio, ciertas palabras o signos. En opinión de
LESSONA, citado por SCAEVOLA, “… una y otras cláusulas son asimismo
extrañas al Derecho Romano, pudiendo solo decirse que constituyen una
creación de los comentadores, los cuales la hicieron prevalecer, ó porque la
creyeron erróneamente conforme con dicho Derecho, ó porque la
consideraron necesaria en los tiempos en que vivían”10. Más bien nos parece
que los comentaristas las incluyesen, atendiendo a las condiciones y
necesidades de su época, no puede soslayarse el contexto histórico y la vida
social en que desarrollaron su actividad: el feudalismo en su etapa clásica,
con su régimen de dependencias personales y el valor social de los
juramentos y promesas en una sociedad signada por la fe.
5. El rescate del principio de la esencial revocabilidad del testamento
como garantía a la libertad de testar
La concepción romana del testamento parte de no conceder a los instituidos
en él ningún derecho actual; la transmisión de derechos ocurre, únicamente,
al fallecer el testador; hasta entonces aquel continúa siendo dueño de sus
bienes y poseedor de su arbitrio y de su voluntad, por ello se dice que la
voluntad expresada en el testamento ha de ser última y para serlo ha de ser
la voluntad vigente al momento de su óbito; hasta tanto éste no suceda la
persona podrá exteriorizar de muchas y hasta de opuestas maneras sus
9 Ejemplo de regulación de cláusulas derogatorias de disposiciones futuras aparece
normado en la Ley XXII, Título primero, de la Sexta Partida, contenida en el Código
de las Siete Partidas, al establecer: “Por cuales razones hi ha por que maguer el
testamento postrimero sea fecho acabadamiente , non se desatarie por ende el que
ante fuese fecho: “…La otra es quando el testador dice asi, este mío testamento que
agora fago quiero que vala por siempre, et non quiero que vala otro testamento que
fuese fallado que yo hubiese fecho, ante deste nin después; ca si acesciese que este
atal mudase su voluntad, et ficiese otro testamento, no se quebrantarie por ende el
otro el otro que hubiese ante fecho, fueras ende si el testador dixiese en el
postrimero testamento señaliadamente que revocaba el otro, et que non toviese
daño á aquel que agora facie las palabras que dexiera en el primero…”. Las Siete
Partidas del Rey Don Alfonso El Sabio, cotejadas con varios Códices Antiguos por
la Real Academia de la Historia, de Orden y a Expensas de S. M., tomo III, Partidas
Quarta, Quita, Sexta y Séptima, Imprenta Real, Madrid, 1807. p. 371. Edición digital
fotográfica facsimilar del original perteneciente al fondo bibliográfico de la Facultad
de Derecho de la Universidad de Sevilla, formato PDF, disponible en la Biblioteca
Jurídica virtual “Renaldo Payarés”, de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, en la
Ciudad de Camagüey.
10 SCAEVOLA, Quintus Mucius, Código Civil Comentado y Concordado
Extensamente, con arreglo a la Nueva Edición Oficial, tomo XII, De las Sucesiones
en General. De los Testamentos. De los Testamentos Comunes. De los Testamentos
Especiales. Revocación e Ineficacia de los Testamentos, imprenta de Ricardo Rojas,
Madrid, 1896, p. 712.
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manifestaciones de última voluntad, no teniéndose por última sino aquella,
en vigor al momento de su fallecimiento, manifestada en un testamento
válido. Las cláusulas derogatorias de disposiciones futuras y las cláusulas
ad cautelam fueron concebidas de manera opuesta a la libertad del ejercicio
de la facultad revocatoria y de la libertad de testar. La manifestación de
voluntad del testador depende, en general, de las circunstancias del
momento en que ella se realiza; por lo cual, el cambio de esas condiciones
(adquisición o merma de bienes del patrimonio, el nacimiento de nuevos
herederos, la muerte de los herederos instituidos, entre otras muchas
razones), puede determinar su resolución de modificar o dejar sin efectos la
anterior manifestación de última voluntad. Si los testamentos no fuesen
revocables en todo o en parte entonces, dado el cambio de circunstancias, el
testamento no sería expresión de la última y real voluntad en él contenida.
El Derecho moderno, siguiendo las pautas sentadas por el Derecho romano,
reaccionó contra la existencia de estas cláusulas, suprimiéndolas, ya que
representaban una grave infracción de los caracteres del testamento. La
variedad de formas de los testamentos, concebidas en la actualidad (por las
legislaciones nacionales) para garantizar el derecho a testar en las más
disímiles situaciones de la vida, constituyen garantía suficiente para que el
testador pueda ejercer su facultad revocatoria en cualquier tiempo y lugar.
La garantía del principio de la revocabilidad del testamento es la más eficaz
de las medidas que aseguran la voluntad de testar e incluso, si así lo desea el
testador, de no modificar su manifestación de última voluntad.
Hoy, en consonancia con el pasado romano, la revocación es considerada
como una de las características esenciales del acto testamentario, el derecho
moderno se pronuncia por la esencial revocabilidad de las disposiciones de
última voluntad considerando intrascendente cualquier disposición en la
que el testador se comprometa a no modificar o renuncie al ejercicio de la
facultad revocatoria. Mientras el testador viva es dueño absoluto de su
última voluntad, que es la última hasta que no decida modificarla y, para
ser última ha de extenderse hasta el momento de su muerte.
Al ser precepto de orden público el ejercicio de dicha facultad es
irrenunciable11. La garantía del principio de la revocación de las
11 En tal sentido pueden consultarse: CAMUS, E. F., Código Civil Explicado, Libro
Tercero, De los diferentes modos de adquirir la propiedad, de la ocupación, de la
donación, de las sucesiones, Cultural, La Habana, 1944, p.110; DE DIEGO, CLEMENTE
DE DIEGO, Felipe, Instituciones de Derecho Civil, tomo III - Derecho de Sucesiones,
nueva edición, revisada y puesta al día por Alfonso DE COSSÍO Y CORRAL, y Antonio
GULLÓN BALLESTEROS, Madrid, 1959, pp. 264-265; MANRESA Y NAVARRO, José
María, Comentarios al Código Civil Español, tomo V, 2ª ed., corregida y
aumentada, Imprenta de la Revista de Legislación, Madrid, 1905, pp. 711-714;
MARTÍNEZ ESCOBAR, Manuel, Sucesiones testada e intestada, tomo I, Cultural, La
Habana, 1947, p. 144; SCAEVOLA, Q. M., Código…, cit., p. 712.
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disposiciones testamentarias es la más efectiva de las prevenciones que
aseguran la voluntad de testar e incluso, cuando el testador se lo propone,
de no revocar su manifestación de última voluntad. La única y real manera
que tiene el testador de renunciar a la facultad de revocar es abstenerse de
ejercitarla.
A diferencia de otras causas de ineficacia, la revocación provoca la pérdida
de efectos, total o parcialmente, de la anterior disposición y ello, como
consecuencia específica de un cambio de la voluntad testatoria del propio
sujeto que la emitió, el cual ha de poseer la capacidad de querer y
comprender las consecuencias jurídicas de sus actos. La revocación
provoca la ineficacia del testamento, no por una disconformidad entre el
negocio tal cual se ha realizado y las reglas legales del tipo negocial, sino
por voluntad del testador; de tal modo, no constituye una sanción del
ordenamiento jurídico a un negocio irregular sino una manifestación de la
autonomía de la voluntad del individuo en armonía con las previsiones de
ley. Como el testamento anterior, la nueva manifestación de voluntad es
también no recepticia y exige para su validez estar exenta de vicios.
No encontrándose el testador obligado a mantener su declaración de última
voluntad, este puede modificarla cuantas veces en su vida lo entienda
conveniente, para ello cuenta con la facultad revocatoria. MANRESA, al
definir la revocación, enuncia: “Revocación es el acto por el que queda sin
valor un testamento por voluntad del testador”12; por su parte, CLEMENTE DE
DIEGO, especifica: “Es el acto por el que el testador deroga o hace perder su
fuerza al testamento por él confeccionado, en razón de no corresponder ya a
su voluntad”13; LAFONT PIANETTA, al respecto dice: “Es aquella voluntad
testamentaria mediante la cual una persona se retracta y deja sin efectos lo
dispuesto en testamento o testamentos anteriores,…”14; DIEZ-PICAZO Y
GULLÓN, la conciben como: “… la ineficacia de testamento, establecida por
el propio testador”15. Para RIVAS MARTÍNEZ la revocación es: “… la
declaración de voluntad, expresa o tácita, del testador, por la que priva de
eficacia jurídica a todo o parte de un testamento ‘anterior’ (…) Es por tanto
la revocación, una declaración de voluntad del mismo testador por la que
éste determina la ineficacia del anterior negocio”16. La revocación del
testamento constituye pues, una nueva manifestación de última voluntad
hecha por el propio testador opuesta, en todo o en parte, a una declaración
de voluntad testamentaria precedente, privándola de efectos.
12 MANRESA Y NAVARRO, J. M., Comentarios…, cit., p. 708.
13 CLEMENTE DE DIEGO, F., Instituciones…, cit., p.264.
14 LAFONT PIANETTA, Pedro, Derecho de Sucesiones, tomo II, Sucesión
testamentaria y contractual. La partición y protección sucesoral, 4ª ed., Ediciones
Librería del Profesional, Colombia, p. 429.
15 DIEZ-PICAZO, Luis y Antonio GULLÓN, Instituciones de Derecho Civil, vol. II,
Editorial Tecnos, Madrid, 1974, p. 577.
16 RIVAS MARTÍNEZ, J. J. Derecho de…, cit., p. 733.
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6. Las luces de la Revolución Francesa y la nueva concepción de la
“revocación expresa” de las disposiciones testamentarias
En la época moderna, el Code Napoleón se alza como paradigma de la
codificación. Nacido de la Revolución francesa y, de la Ilustración liberal y
democrática, se convierte en el Código por excelencia, el cuerpo legal
paradigmático de la burguesía en el poder, influyendo en todos los procesos
liberales y nacionalistas de su época y de la posteridad. El Code sirvió de
modelo a los códigos de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica,
Ecuador, El Salvador, España, Grecia, Guatemala, Haití, Holanda,
Honduras, Italia, Luisiana, Luxemburgo, México, Perú, Portugal, al Estado
de Québec, Rumania, Santo Domingo, Uruguay y Venezuela. Se ha
señalado que sus principales fuentes fueron las costumbres, sobre todo las
de París, el Derecho romano, contenido fundamentalmente en el Corpus
Iuris Civilis de Justiniano, las ordenanzas reales y las leyes de la
Revolución. En cuanto al valor de las fuentes se atribuye un predominio a
las costumbres, ahora bien esas costumbres se encontraban impregnadas del
Derecho romano prejustinianeo por lo cual, el elemento romano es de
trascendental importancia en su concepción. La influencia del Derecho
romano, en cuanto a las obligaciones, los contratos, y las sucesiones es
irrefutable. En relación con la revocación, el Código, en su artículo 895,
siguiendo el principio romano de la revocabilidad de las disposiciones
testamentarias17, declaró la facultad revocatoria del testador. En cuanto a su
formalización, el legislador del Code, en el artículo 1035, exigió que se
hiciera por testamento pero también admitió su realización mediante
documento público notarial18; disposición ésta que rompió con los cánones
establecidos desde la época romana y acogida por algunos Códigos
posteriores19.
Hasta la promulgación del Code y en cuanto a la revocación del testamento,
había sido generalmente admitido y aplicado el sistema revocatorio romano
que sancionaba como revocado el testamento anterior por el posterior
17 “El Testamento es un acto por el cual dispone el testador, para el tiempo en que
ya no existirá, del todo o parte de sus bienes, y que puede revocar”. Código
Napoleón, con las variaciones adoptadas por el cuerpo legislativo, el día 3 de
septiembre de 1807, en la imprenta de la hija de Ibarra, Madrid MDCCCIX, p. 163.
Edición digital fotográfica facsimilar del original perteneciente al fondo
bibliográfico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, formato PDF,
disponible en la Biblioteca Jurídica virtual “Renaldo Payarés”, de la Unión Nacional
de Juristas de Cuba, en la Ciudad de Camagüey.
18 Artículo 1035: “No podrán ser revocados los testamentos en todo o en parte sino
por un testamento posterior, o por un instrumento o acta ante escribanos que
incluya la declaración de la variación de la voluntad”.
19 Así, los códigos civiles de Italia, artículo 680; Nicaragua, artículo 1211 y
Portugal, artículo 2312.
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perfecto, negando la posibilidad de coexistir a dos o más testamentos. El
Código de los franceses, en su artículo 103620, estableció el precepto
contrario, es decir, el testamento anterior no se considera revocado a menos
que el testador, de manera expresa, lo hiciese constar en el testamento
posterior. Sin lugar a dudas, la norma representó un giro en la concepción
de la revocación dando paso a la posibilidad de la existencia conjunta de
varios testamentos válidos, haciendo nacer un nuevo sistema revocatorio, de
gran aceptación en las codificaciones decimonónicas, y mayoritario en la
actualidad. RIVAS MARTÍNEZ, al respecto comenta: “La consecuencia de lo
dicho es que los Códigos modernos llegan a una doctrina contraria a la que
había establecido el Derecho Romano. En este derecho, como hemos visto,
todo testamento posterior revoca de una manera absoluta y plena el
testamento anterior. Ahora la solución es distinta: si el testador no declara
de una manera expresa su voluntad de revocar el testamento anterior, éste
coexiste con el posterior en la medida en que las disposiciones contenidas
en ambos sean compatibles. Si la conciliación de las disposiciones
testamentarias no es posible, prevalece la disposición más moderna”21.
A partir de entonces, las legislaciones modernas han seguido dos sistemas
revocatorios contrapuestos; el primero (sistema de revocación tácita),
considera que la nueva disposición testamentaria deja sin efectos totalmente
a la anterior22; el segundo (sistema de revocación expresa), estima
revocadas sólo las disposiciones del testamento anterior que son
incompatibles con las cláusulas del posterior23. PÉREZ GALLARDO explica
que las legislaciones modernas han seguido fundamentalmente dos sistemas
en cuanto a la forma de revocar el testamento: considerar que la nueva
disposición testamentaria solo deja sin efectos las cláusulas que se
contraponen a las del testamento anterior; y el que considera que el nuevo
testamento revoca en todos los casos al anterior24.
20 Artículo 1036:“Los testamentos posteriores que no revoquen de un modo expreso
los anteriores, no anularán estos sino aquellas disposiciones que se encuentran
incompatibles con las nuevas, o que sean contrarias a él”.
21 RIVAS MARTÍNEZ, J. J., Derecho de…, cit., p. 751.
22 Siguen este sistema el Código Civil español (artículo 739), Código Civil Federal
de México (artículo 1494 y el Código Civil cubano (artículo 479.2).
23 A este sistema se afilian: el Código Civil alemán, parágrafo 2258; el Código
Civil de la República Argentina, artículo 3828; el Código Civil de Bolivia, artículo
1210; el Código Civil de Chile, artículo 1215; el Código Civil de Costa Rica,
artículo 622; el Código Civil de El Salvador, artículo 1145; Code Civil de Francia,
artículo 1036; el Código Civil de Honduras, artículo 1160; el Codice Civile italiano,
artículo 682; el Código Civil portugués, artículo 2313; el Código Civil de Perú,
artículo 80; el Código Civil de la República de Nicaragua, artículo 972; el Código
Civil de la República Oriental del Uruguay, artículo 1005; el Código Civil de la
República de Venezuela, artículo 991.
24 Vid. PÉREZ GALLARDO, Leonardo B. (coordinador), Derecho de Sucesiones, tomo
II, Editorial Félix Varela, La Habana, 2004, p. 155.
Sistemas de revocación del testamento: Una visión desde el Derecho cubano.
75
El primer sistema se aviene con la doctrina romana, es más sencillo y no
deja margen a dudas en cuanto a si se derogó o no la anterior manifestación
de última voluntad y, excluye las dificultades que entraña la labor
interpretativa del testamento; pero, su gran limitación es la de considerar
revocado el testamento en su totalidad, aun cuando el testador en el
posterior sólo haya modificado del anterior cuestiones accesorias tales
como: la designación de legados, la inclusión de bienes que no existían al
momento del otorgamiento, etc.; o, haya realizado disposiciones no
patrimoniales; tal, las de carácter funerario, destino del cadáver u órganos
vitales, reconocimiento de hijos, etc. De esta forma, aún contra el propósito
querido y la voluntad del testador, el testamento queda revocado. En este
sistema queda clara la presunción de la intención revocatoria en detrimento
de la posible real voluntad del testador. En los ordenamientos jurídicos que
le acogen, la presunción es considerar revocado el testamento anterior por el
posterior, no obstante, en una concesión a las posiciones modernas,
estipulan, a vía de excepción, que para mantener su eficacia el testamento
anterior precisa del testador la expresión de su voluntad en el posterior,
haciéndolo subsistir en todo o en parte, presumiéndose revocadas las
disposiciones contrarias o contradictorias del anterior por el actual, es decir,
ha de hacerse la salvedad de que valga el anterior o, de lo contrario, ordenar
por completo la última voluntad. Es de señalar que, un mal asesoramiento u
orientación por parte del funcionario público ante el cual se teste, el
desconocimiento de las personas ante la cuales se otorga testamento en
circunstancias especiales, el propio desconocimiento del testador al elaborar
un testamento cerrado u ológrafo, podrían provocar un resultado no querido
por el testador al dejar sin efectos la posterior declaración a la anterior,
estando destinada la ulterior simplemente a complementarla o fijar nuevas
disposiciones sin afectar en nada o en poca cosa a la precedente. Hecha la
declaración, por el testador, de que subsistan sus anteriores manifestaciones
de voluntad, habría que determinar cuáles del primero contrarían o son
incompatibles a las del posterior; sin lugar a dudas, ello llevaría a un
ejercicio de interpretación de las cláusulas testamentarias por parte de los
operadores jurídicos, lo cual supone la misma dificultad de la necesaria
interpretación de éstas en el sistema implantado por el Código Napoleónico.
El segundo sistema, al entender revocadas por el testamento posterior sólo
aquellas disposiciones del anterior que le contradicen o le son opuestas,
establece la presunción contraria a la del sistema romano, pueden coexistir
dos o más testamentos otorgados en diferentes momentos de la vida del
testador, entendiéndose revocadas sólo las disposiciones que sean contrarias
o divergentes con el ulterior. Si el testador no quiere que valgan las
disposiciones de los testamentos anteriores tiene que manifestar
expresamente su intención revocatoria. Al respecto nos dice FASSI: “En
principio, cuando no media revocación expresa, la voluntad testamentaria
contenida en más de un acto se suma y no se excluye, y todos los
testamentos deben ejecutarse simultáneamente. Como pauta interpretativa
se considerará que no ha mediado voluntad revocatoria y en la duda deben
entenderse compatibles las disposiciones contenidas en todos los
Dr. Julián A. COLLADO BETANCOURT
76
testamentos”25. El sistema supone la dificultad representada por la
interpretación de las disposiciones de ambos testamentos al objeto de
determinar cuáles son discordantes o incompatibles (en cuyo caso surten
efectos sólo las del último testamento) y la determinación de la extensión de
la revocación de cláusulas con disposiciones similares. Dadas estas
circunstancias habría de jugar un papel sumamente importante, diríamos
fundamental, la interpretación del testamento. El procedimiento, aunque
complejo, garantiza la justicia sucesoria, da una mayor seguridad al testador
en el cumplimiento de sus manifestaciones de última voluntad y propicia el
cumplimiento del principio del favor testamenti, máxime si se toma en
cuenta que cuando se entra a determinar la eficacia del testamento y la
extensión de la voluntad revocatoria ya su autor no estará para arrojar luz
sobre la voluntad querida e implícita en sus declaraciones de última
voluntad; por lo cual, estimo más justa la solución del sistema implantado
por el Code Napoleónico al presuponer revocadas las anteriores
disposiciones sólo cuando son contrarias a las del ulterior testamento y,
establecer como principio la revocación expresa cuando se pretende, por el
testador, dejar sin efectos las anteriores; ello habla a favor de la
conservación máxima de la voluntad del testador expresada en sus
testamentos.
El Código Civil argentino seguía, en su artículo 3828, el plan romano de la
revocación. La doctrina y la jurisprudencia argentina, considerando injusto
este proceder, se apartó del sistema romano acogiendo la solución del
Código francés. A favor de la modificación introducida en el Código
argentino aducía BORDA: “… el testamento posterior anulaba el anterior en
todas sus partes, si no contenía confirmación del primero. La solución era
injusta, pues resulta aventurado extraer de cualquier testamento posterior la
conclusión de que el causante ha querido revocar el anterior en todas sus
partes. Lo lógico es reputar revocado el anterior sólo en cuanto sea
incompatible con las disposiciones del último”26. Por otra parte alegaba
ZANNONI: “Disponía el artículo 3828, en su redacción original, que ‘el
testamento posterior anula el anterior en todas sus partes, si no contiene
confirmación del primero’. La rigidez de la presunción no impidió que la
doctrina y la jurisprudencia abrieran brechas saludables que permitieron una
interpretación más flexible. Se partió del hecho de que la confirmación del
testamento -autorizada en la norma- no debía ser necesariamente expresa,
sino que podía resultar tácitamente de la circunstancia de que el testamento
posterior contuviese disposiciones que para nada afectaban el anterior, o
que sólo lo completaban, o que se limitaban a revocar disposiciones
separables de él, etcétera. (... ) Admitida la confirmación tácita, se
25 Cit., pos., IGLESIAS, Mariana Beatriz, Francisco A. M. FERRER y Graciela MEDINA
(directores), Código Civil Comentado. Doctrina – Jurisprudencia, tomo II, artículos
3539 a 3874, Rubinzal - Culzoni Editores, Buenos Aires, 2003, p. 605.
26 BORDA, Guillermo A., Tratado de Derecho Civil, Sucesiones, tomo II, Abeledo-
Perrot, Buenos Aires, 1994, p. 1120.
Sistemas de revocación del testamento: Una visión desde el Derecho cubano.
77
vislumbró el horizonte de una doctrina mucho más razonable que, a la
postre, fructificó en un importante fallo plenario de las Salas de la Cámara
Nacional en lo Civil, dictado en 1961, en el que se resolvió que ‘la
redacción de un testamento no importa necesariamente la revocación de otro
no mentado en aquél, anteriormente otorgado por el mismo testador, si por
las circunstancias del caso aparece indudable la voluntad del otorgante en el
sentido de mantener la eficacia de las disposiciones primitivas’. Éste es el
marco en que debe interpretarse el artículo 3828 sustituido por la ley
No.17.711: ‘El testamento posterior dice ahora el precepto revoca al
anterior, sólo en cuanto sea incompatible con las disposiciones de éste’. Es
decir que corresponderá en cada caso analizar si existe una incompatibilidad
material o intencional voluntaria entre las disposiciones de uno u otro
testamento … Como bien se ha resuelto, el principio general es que el
testamento posterior no revoca al anterior y, en la duda, debe considerarse
que las disposiciones de ambos son compatibles”27.
7. La aferrada afiliación en el Código Civil español a la concepción
romana del sistema de revocación tácita y la dulcificante doctrina y
jurisprudencia española en pro del sistema de revocación expresa
La doctrina y la jurisprudencia española, atadas en principio a la concepción
romanista de la revocación y apartándose de la corriente moderna, partían
de la presunción de que el testamento anterior quedaba revocado de
Derecho por el posterior perfecto si el testador no expresaba en éste su
voluntad de que aquél subsistiera en todo o en parte; al respecto nos dice
RIVAS MARTÍNEZ: “En el Derecho español, la regla general, parece ser la
revocación de la disposición anterior, aunque sea compatible, a menos que
exista una declaración del testador ordenando la subsistencia del testamento
anterior. Es muy difícil conocer las causas por las cuales nuestra
codificación se aparta de la corriente del derecho moderno. Pero el
apartamiento se ha producido”28.
Ya los primeros comentaristas del Código Civil español llamaban la
atención sobre la rigidez del principio establecido en el artículo 739; el cual
no dejaba margen a la posible supervivencia de las disposiciones anteriores
si la intención de su subsistencia no se declaraba expresamente por el
testador en el testamento posterior. En su obra Comentarios al Código Civil
Español, MANRESA NAVARRO exponía el siguiente criterio: “No es tan
absoluta la regla consignada en el párrafo 1ro. del artículo 739, que no
admita sus excepciones. En efecto, según ha dicho un entendido expositor
del derecho nuevo, hay casos en que no se concibe que el testamento
posterior revoque al anterior, y en que, por el contrario, parece que la
27ZANNONI, Eduardo A. Manual de Derecho de las Sucesiones, 4ª edición,
actualizada y ampliada, Astrea, Buenos Aires, 1999, pp. 705-706.
28 RIVAS MARTÍNEZ, J. J., Derecho de…, cit., p. 751.
Dr. Julián A. COLLADO BETANCOURT
78
voluntad del otorgante es dar eficacia a ambos, aunque expresamente no se
declare la subsistencia del primero. Esto sucedería, por ejemplo, si en el
segundo testamento se limitase el testador a hacer algunas mandas o
cualesquiera otras disposiciones compatibles con las del primero o no
relacionadas con la transmisión de sus bienes, como el reconocimiento de
un hijo natural, el nombramiento de tutor, etc., etc”29. También acerca de la
extensión de la revocación han existido pronunciamientos doctrinales, al
respecto DIEZ-PICAZO y GULLÓN expresan: “La revocación produce la
ineficacia del testamento revocado. La revocación no afecta, sin embargo, a
las declaraciones puramente confesorias que en el testamento se pudieran
contener”30.
Como consecuencia de una doctrina acogida por la jurisprudencia del
Tribunal Supremo español, en reiteradas sentencias, se han producido
desvíos en la concepción original de la revocación tratando de conciliarla
con la posición moderna del Derecho, concepción doctrinal mayoritaria; así
las sentencias de 22 de marzo de 1901, 17 de junio de 1915 y 11 de
diciembre de 1929, posición consolidada en la de 1 de febrero de 1988, y
en la más reciente de 7 de mayo de 1990; por demás, concepción hecha
suya por la Dirección General de los Registros y el Notariado español en
sus resoluciones de 12 de septiembre de 1947 y 18 de diciembre de 1951.
En apretada síntesis, se resume la jurisprudencia española contenida en
estas sentencias en que el tema de la revocación testamentaria tácita puede
plantearse de lege ferenda, en un doble sentido: el otorgamiento de un
nuevo testamento, deja sin efecto íntegramente al testamento anterior o, la
revocación, sólo debe afectar el contenido del testamento anterior en tanto
sea contrario u opuesto al de la última disposición testamentaria. La
jurisprudencia razona que el Código Civil español, en la normativa
contenida en el artículo 739, sigue el sistema de la revocación tácita total
determinada por el simple otorgamiento de un testamento posterior; que, si
bien el sistema tiene en su centro las ventajas de la sencillez, ha hecho
prevalecer, en la aplicación práctica del Derecho, el rigorismo de exigir que
la intención del testador de dejar subsistente el testamento anterior, en todo
o en parte, ha de aparecer expresa y explícitamente consignada en la nueva
manifestación de voluntad, inflexibilidad en oposición con el hecho de que
el causante, en realidad, en determinados supuestos solo haya querido (sin
dejar constancia expresa) completar, aclarar o interpretar su disposición
anterior, infiriéndose del propio contenido testamentario su voluntad
compatibilizadora. Haciendo una interpretación extensiva del artículo
29 MANRESA Y NAVARRO, J. M., Comentarios…, cit., p. 717.
30 DIEZ-PICAZO, Luis y Antonio GULLÓN, Instituciones de Derecho Civil, vol. II,
Tecnos, Madrid, 1974, p. 578.
Sistemas de revocación del testamento: Una visión desde el Derecho cubano.
79
67531, en relación con el artículo 739, la jurisprudencia ha llegado a la
concepción de que interpretando el testamento ulterior, de acuerdo con la
verdadera intención del testador, es posible mantener la eficacia de las
disposiciones testamentarias anteriores, partiendo del tenor del testamento,
deducido del sentido literal de las palabras y según la prevalente voluntad
del causante. De tal forma, se llega a admitir la eficacia de las disposiciones
del primer testamento coexistiendo con las del posterior en tanto no se
opongan a las de éste; al entender, entonces, que la voluntad exigida para
dejar subsistente un testamento anterior no tiene que ser necesariamente la
expresa, estipulada en el artículo 739, sino también la deducida, prescrita
por el artículo 675; siendo el tenor del testamento y su literalidad el
elemento cardinal para el conocimiento de la real voluntad expresada por
el causante, ateniéndose el intérprete a lo que parezca más conforme con la
intención del testador y sin que le sea lícito extender el significado de las
palabras más allá de su expresión literal. Sólo cuando sea imposible
determinar la verdadera intención de la manifestación de voluntad por ser
esta oscura, imprecisa, contraria o dispar le es dado al intérprete utilizar
otros medios probatorios para conciliar las palabras utilizadas y la
intención.
8. El Código Civil cubano de 1987 y el principio de la esencial
revocabilidad de las disposiciones testamentarias
Desde la época del descubrimiento y posterior conquista imperó en la Isla
de Cuba el Derecho del Reino Castellano-Leonés, devenido con
posterioridad Reino de España. Como dependencia colonial, la normativa
jurídica le venía a Cuba desde la metrópoli con las modificaciones de la
legislación impuestas en cada período de la historia española. Los intentos
codificadores en España definitivamente fructifican en 1889, año en que ve
la luz el Código Civil español, hecho extensivo a Cuba mediante el Real
Decreto de 31 de julio de 1889. Sometido a diferentes modificaciones32, en
sus casi cien años de vigencia, el Código rigió en Cuba hasta la
promulgación del Código Civil cubano, Ley No. 59, de 16 de julio de 1987,
vigente desde el 12 de abril de 1988. Al cese de la dominación colonial
española, el gobierno interventor norteamericano, en su Proclama de 1º de
31 Establece el artículo 675:“Toda disposición testamentaria deberá entenderse en
el sentido literal de sus palabras, a no ser que aparezca claramente que fue otra la
voluntad del testador. En caso de duda se observará lo que aparezca más conforme
a la intención del testador según el tenor del mismo testamento”.
32 Un serio estudio de las modificaciones a que fuera sometido el Código Civil de
1889 puede consultarse en “De la codificación civil”, PÉREZ GALLARDO, L. B.,
Derecho Civil, Parte General, capítulo I, Caridad del C. Valdés
Díaz,(coordinadora), Ed. Félix Varela, La Habana, 2002, pp. 13-77.
Dr. Julián A. COLLADO BETANCOURT
80
enero de 1899, dispuso mantener la fuerza legal del Código Civil, vigencia
que fuera ratificada por la Disposición Transitoria Séptima de la
Constitución de 190133.
Como ya se ha señalado el Código Civil español, en cuanto a la concepción
de la revocación, partía de la concepción romana, rigorista, de presumir que
el testamento anterior quedaba revocado de Derecho por el posterior
perfecto, si el testador no expresaba en éste su voluntad de que aquél
subsistiera en todo o en parte, apartándose de la corriente moderna,
rigorismo superado por la doctrina y la jurisprudencia española de modo
que, actualmente, se acerca más al sistema de revocación expresa. Luego de
la independencia del dominio español y durante su vigencia en Cuba, la
doctrina y la aplicación de este principio revocatorio en la práctica judicial
cubana, mantuvieron el criterio rigorista con el cual éste fue enunciado y
concebido inicialmente en el Código español. En el ámbito doctrinal,
CAMUS expresaba: “En algunas legislaciones, como la alemana y suiza, se
adopta el criterio jurídico de que el nuevo testamento revoca solo al anterior
en lo que se contradigan ambos. Pero frente a esta teoría nuestro Código
adopta el criterio, siguiendo al Derecho Romano, de que el testamento
posterior anula todo el contenido del anterior, independientemente de que
sea o no contradictorio, atendiendo únicamente a que en este sentido el
testador declare de que el primero subsista en todo o en parte”34. El criterio
rigorista con que fue tratado, en el orden jurisprudencial, el principio
revocatorio se corrobora en la opinión de Manuel MARTÍNEZ ESCOBAR,
quien expresara: “El testamento anterior (artículo 739) queda revocado de
derecho por el posterior perfecto, aunque en éste no se diga. Únicamente
subsiste el anterior, conjuntamente con el posterior, en todo o en parte, si en
éste último el testador expresa que es su voluntad que así suceda. Puede
ocurrir que el segundo testamento tenga por objeto una adición al primero
como una modificación a la distribución de su herencia o al establecimiento
de un legado. En la legislación antigua eso podía hacerse por medio de un
codicilo, o sea un pequeño testamento, adicionado al verdadero, pero,
suprimidos los codicilos por el Código, se hace forzoso hoy otorgar un
testamento perfecto”35. En época más reciente, DE VERA SÁNCHEZ afirmaba:
“… Se habla de revocación tácita cuando se emite una posterior declaración
de voluntad mortis-causa, que por su contenido o por disposición de la ley,
33 La disposición Transitoria Séptima, en su texto expresaba: “Todas las leyes,
decretos, reglamentos, órdenes y demás disposiciones que estuvieren en vigor al
promulgarse esta Constitución, continuarán observándose en cuanto no se opongan
a ella, mientras no fueren legalmente derogadas o modificadas”.
34 FERNÁNDEZ CAMUS, Emilio, Código Civil explicado, Libro Tercero, De los
Diferentes modos de Adquirir la Propiedad, de la ocupación, de la donación, de las
sucesiones, Cultural, La Habana, 1944, p.112.
35 MARTÍNEZ ESCOBAR, Manuel, Sucesiones testada e intestada, tomo I, Cultural, La
Habana, 1947, p.145.
Sistemas de revocación del testamento: Una visión desde el Derecho cubano.
81
ha de ser estimada incapacitable con la subsistencia de la precedente, aun
cuando ésta no sea expresamente mencionada o aludida”36.
El Código Civil de 1889 fue abrogado por el Código Civil cubano de 1987,
en armonía con el principio romano de la esencial revocabilidad de las
disposiciones testamentarias, seguido por la doctrina y el Derecho
modernos, el Código Civil cubano reconoce al testador la facultad de
revocar el testamento, este derecho aparece regulado de manera específica
en las disposiciones generales de la sucesión testamentaria, contenidas en el
Título II, del Libro IV, concretamente en su artículo 479; el cual en su
apartado primero, consigna: “… el testamento puede ser revocado, en todo
o en parte(...)”. Siendo tan general, en los ordenamientos jurídicos y en el
Derecho moderno, la aceptación en la doctrina del carácter esencialmente
revocable de las disposiciones testamentarias, y siendo ya parte superada de
la historia del Derecho las cláusulas derogatorias de disposiciones futuras y
las cláusulas ad cautelam, el legislador del Código Civil obvió la expresa
mención al carácter irrenunciable de la facultad revocatoria; no obstante, se
considera técnicamente apropiada la redacción del apartado primero del
propio artículo 479, pues de ella se colige que el derecho del testador a
revocar sus disposiciones testamentarias puede ejercerse en cualquier
momento antes de su deceso, sin límites y el único modo en que se
obligaría el otorgante a no revocar su disposición testamentaria sería no
ejerciendo dicha facultad.
La revocación puede realizarse por el testador en cualquier momento
posterior al otorgamiento del testamento y hasta su fallecimiento, siempre y
cuando posea la capacidad necesaria para la realización de dicho acto. Al
ser el testamento un acto jurídico personalísimo resulta que el sujeto
legitimado para la ejecución de la revocación de las disposiciones
testamentarias ha de ser el mismo testador, el cual para ejercitar la
revocación ha de mantener la capacidad necesaria para testar37.
El Código Civil cubano al expresar que la revocación del testamento puede
ser hecha “con las mismas formalidades que las exigidas para su
otorgamiento”, utiliza la misma fórmula inexacta y ambigua del Código
Civil español38, anteriormente vigente en Cuba, sin establecer
expresamente ninguna previsión de los procedimientos que pudiera utilizar
el testador para revocar sus anteriores disposiciones testamentarias; ni
identificar los medios jurídicos y las formas en que puede realizarse. Es
36 VERA SÁNCHEZ, Guillermo de, Sucesión testamentaria, Ministerio de Educación
Superior, Departamento de Textos y Materiales Didácticos, La Habana, 1981, p. 33.
37 En nuestro ordenamiento jurídico en cuanto a la capacidad para revocar las
disposiciones testamentarias será necesario atender a lo previsto por los artículos 29
al 31 del Código Civil, relativos a la capacidad general de las personas naturales.
38 En su artículo 738, el Código Civil español estipula: “El testamento no puede ser
revocado en todo ni en parte sino con las solemnidades necesarias para testar”.
Dr. Julián A. COLLADO BETANCOURT
82
claro, una de las vías sería el otorgamiento de un nuevo testamento, siendo
válida la revocación del testamento hecha utilizando cualquiera de las
formas testamentarias previstas en el Código pues, la exigencia de realizar
la revocación con las mismas formalidades exigidas para el otorgamiento
en modo alguno significa que haya de utilizarse para el testamento
revocatorio la misma forma testamentaria utilizada en el testamento que se
pretende revocar, sino que, acorde con el tipo de testamento utilizado, han
de cumplirse las formalidades establecidas para su otorgamiento39. De
conformidad con lo establecido en los artículos 77 y 78 del Reglamento de
la Ley de las Notarías Estatales40, la revocación podría ser realizada
mediante un nuevo otorgamiento, es decir, por escritura pública de
testamento donde conste, conjuntamente con la voluntad revocatoria (total
o parcial y, expresa o tácita), la nueva manifestación de voluntad; pero, es
admitida, además, la escritura de revocación de testamento la cual no es de
uso común en nuestro medio jurídico; se sostiene la opinión de que su uso
estaría limitado a la realización, por parte del otorgante, de la revocación
pura, ya fuera total o parcial, del testamento otorgado con anterioridad pues
de tratarse de un nuevo otorgamiento, contentivo de una nueva
manifestación de última voluntad o de un nuevo otorgamiento contentivo
de una revocación parcial de la anterior y que incluya nuevas disposiciones
tendría, necesariamente, que hacerlo en un nuevo testamento, forma ad
solemnitatem exigida ex lege, como vía de ordenación de la última voluntad
del testador. Esta escritura notarial, obligatoriamente, ha de ajustarse a los
requisitos de forma que para ella se establecen, exigiendo del otorgante la
plena capacidad para testar (testamentifactio activa), en ella ha de constar
clara y expresamente, como única disposición, la manifestación de
39 PÉREZ GALLARDO nos da cuenta de la Sentencia No. 362, de 30 de junio del
2000, de la Sala de lo Civil y de lo Administrativo de nuestro Tribunal Supremo, la
cual en su segundo Considerando se pronunció en este sentido al expresar que: “la
recta interpretación de este claro precepto (del artículo 479.1 del Código Civil) al
referirse a las formalidades similares a la segunda para el otorgamiento del
testamento, evidentemente recaen en la revocación expresa del mismo, lo que no
niega lo regulado en el apartado posterior de dicho artículo cuatrocientos setenta y
nueve (…), que establece que el testamento posterior revoca al anterior, sin
distinguir la clase de testamento, de ahí que sustentar que uno notarial no puede
revocarse por otro posterior por ser ológrafo carece de sustento legal máxime
cuando para cada uno de ellos la propia Ley en sus artículos cuatrocientos ochenta
y cuatro y cuatrocientos ochenta y cinco señalan los requisitos que cada una de
estas dos formas de testamentos comunes deben cumplimentar para su eficacia y
demostrado que el posterior otorgado por el testador se ajusta a ellos, sin lugar a
dudas dejó sin efecto legal el notarial que a su favor había adscripto el finado (…)”.
Vid. PÉREZ GALLARDO, Leonardo B., Código Civil de la República de Cuba, Ley
No. 59/1987, de l6 de julio (anotado y concordado), Organización Nacional de
Bufetes Colectivos, Editora ONBC, Ediciones ONBC, 2006, Ciudad de La Habana,
p. 251.
40 Vid., artículos 77 y 78 del Reglamento de la Ley de las Notarías Estatales,
Resolución No. 70/1992, de 9 de junio de 1992, del Ministro de Justicia.
Sistemas de revocación del testamento: Una visión desde el Derecho cubano.
83
voluntad revocatoria la cual ha de estar exenta de vicios. El artículo 78
exige al Notario autorizante de una escritura de testamento o, de revocación
de testamento, la obligación de remitir, en el improrrogable término de los
tres días hábiles siguientes al de su autorización, comunicación al Registro
de Actos de Última Voluntad y Declaratoria de Herederos del Ministerio de
Justicia (a los efectos de su inscripción), contentiva de los nombres y
apellidos del otorgante; su lugar de nacimiento y ciudadanía; domicilio;
nombres de sus padres; estado conyugal; nombres y apellidos del Notario
autorizante y su sede; número de orden del documento; y, fecha y hora de
la autorización, comunicación que ha de ser firmada y fechada por el
Notario que la expide; el cual, además, dejará constancia, mediante nota en
la matriz de la escritura, de haber remitido dicha comunicación
consignando la fecha, el tomo y el folio de la inscripción en el referido
Registro. Al igual que el contenido del testamento puramente revocatorio,
el contenido de la escritura de revocación, implícitamente, constituye un
acto de disposición de bienes pues el otorgante tácita e indirectamente, al
revocar, dispone su sucesión mortis causa por la vía intestada.
El Código Civil cubano no hace referencia expresa al principio de la
autonomía de la voluntad en el Libro IV, dedicado al Derecho de
Sucesiones. No obstante, en el orden de la sucesión testamentaria la
autonomía privada se manifiesta en:
- la facultad que tiene el individuo de decidir si otorga testamento o
si fallece intestado o, de morir en parte testado y en parte
intestado, tal como lo estipula el artículo 476;
- la libertad del testador de escoger la forma testamentaria a utilizar
para el otorgamiento, conforme con sus intereses, conveniencias o
situaciones en que se teste, acorde con las normas establecidas en
los artículos 483 al 491;
- la potestad de instituir herederos o asignar legados, dentro de las
limitaciones impuestas en el orden legal sucesorio, en el todo o en
parte de la herencia; de conformidad con lo establecido en el
artículo 478 en relación con el artículo 480, puede ser instituida
heredera o legataria cualquier persona natural o jurídica,
excepción hecha del notario autorizante y sus parientes dentro del
cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad, de los
testigos y de otras personas que hayan participado en el otorga-
miento del testamento.
- la posibilidad de imponer al legatario un sublegado, en armonía
con lo preceptuado en el artículo 497;
- la libertad de disponer la forma en que los bienes, derechos y
acciones han de ser distribuidos entre los herederos y legatarios
instituidos a través de la partición, pasándose por ella en tanto no
sea contraria a la ley, tal y como se prevé en el artículo 478, en
relación con el artículo 534;
- la facultad de distribuir la herencia toda en legados, según lo
previsto en el artículo 499;
Dr. Julián A. COLLADO BETANCOURT
84
- la opción de nombrar sustitutos a los herederos instituidos acorde
con el artículo 482, para el caso en que estos no quieran o no
puedan aceptar la herencia;
- la libertad de designar albacea y de determinar sus atribuciones y
funciones; el albacea ejecuta la voluntad del causante, ordenada y
contenida en el testamento, sin que pueda excederse en su gestión
y si el testador no ha declarado expresamente las funciones del
albacea, estas quedan limitadas a las conferidas por la ley, en
armonía con lo establecido en el artículo 478, en conexión con los
artículos 505.1 y 506;
- el libre ejercicio de la revocación del testamento otorgado en
cualquier momento ajustándose a las reglas establecidas por el
artículo 479;
- la potestad de imponer cargas a los herederos instituidos, de
conformidad con el artículo 478;
- el derecho de rehabilitar a los incapaces para heredar, tachados por
alguna de las causas de incapacidad relativa, establecidas en el
artículo 469.1 en directa relación con el apartado 2 del propio
artículo, al mediar el perdón expreso o tácito del causante.
- la prerrogativa de disponer quiénes quedan excluidos de la
sucesión intestada; aunque la facultad de desheredar no aparece
regulada en el Código, dada la libertad de testar, cuando el
testador no tiene herederos especialmente protegidos, nada se
opone a que pueda disponer la exclusión de la sucesión legal de
personas llamadas a sucederle por esta vía;
- la facultad de establecer otras disposiciones de carácter no
patrimonial, aunque no reconocida expresamente en el articulado
de la Ley sustantiva, no encuentra prohibición expresa en ella y, a
pesar del carácter eminentemente patrimonialista de la
concepción del testamento, en la práctica y en la doctrina se
reconoce esta posibilidad.
Aunque el Código es omiso, nada se opone a que en Cuba el testador, en
ejercicio de su autonomía de la voluntad, otorgue un testamento contentivo,
únicamente, de una cláusula revocatoria de las anteriores disposiciones
testamentarias, lo que indirectamente implicaría la apertura de la sucesión
intestada.
Asimismo, el Código no hace alusión a la revocación de un testamento
revocatorio (revocación de la revocación), la cual podría ser dispuesta por
el testador y, en consecuencia, resurgirían las disposiciones primeramente
revocadas recobrando absolutamente su valor y surtiendo efectos plenos a
la muerte del testador. El Código Civil español, vigente anteriormente en
Cuba, preveía en el segundo párrafo del artículo 739, esa posibilidad;
disposición que fuera comentada, en el sentido de enfatizar el alance de la
autonomía de la voluntad en sede testamentaria, por SCAEVOLA quien al
respecto señalaba: “…La voluntad del que testa prevalece siempre; y sin
otras restricciones que las que son de esencia de la institución -
Sistemas de revocación del testamento: Una visión desde el Derecho cubano.
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testamentaria, puede estatuir lo que tenga a bien, sin pararse como vemos,
ante la consideración de que un testamento revocado parece que no debe
volver a surtir efecto. A tanto llegan los límites y prerrogativas de la
voluntad en orden á la testamentifacción: á resucitar ese cadáver producido
por el ánimo del testador”41. Resulta evidente que el testamento revocatorio
de otro anteriormente revocatorio ha de ser tan testamento como aquel
cumpliendo con los requisitos de forma que posibiliten su eficacia, como
expresa ROYO MARTÍNEZ: “Un testamento revocado tácita o expresamente
no puede recobrar su vigor normativo sino en el caso de que otro
testamento posterior válido le restablezca en él, ordenando expresamente
que valga”42. Cabría añadir aquí la excepción de la revocación de la
revocación realizada en otro documento notarial ordinario.
No prevé el Código Civil cubano nada en cuanto a la posibilidad de
incorporar al testamento disposiciones no patrimoniales, mucho menos
acerca de su posible revocación posterior, sin embargo, el mutis no
significa prohibición, en la práctica y en la doctrina existe consenso en
cuanto a su aceptación. El testamento puede contener disposiciones
patrimoniales (contenido típico del testamento) y disposiciones no
patrimoniales (llamadas contenido atípico) incorporadas a él por el testador
en uso de su autonomía de la voluntad, pudiendo incluso establecer en el
acto jurídico testamentario sólo disposiciones de esta última naturaleza, sin
instituir heredero. Las disposiciones no patrimoniales, que con mayor
frecuencia se incorporan al testamento son: el reconocimiento de hijos, el
reconocimiento de deudas, el acto de ordenar la constitución de una
fundación, la publicidad post mortem de una obra del intelecto, el destino
que debe darse a cartas, memorias, fotografías y otros objetos familiares de
semejante naturaleza, las disposiciones relativas a los funerales y al destino
del cadáver, la confesión de delitos, la designación de tutor a menores e
incapaces, entre otras.
La revocabilidad de las disposiciones atípicas ha resultado aspecto
controvertido en la doctrina, existe concierto en que las disposiciones
atípicas constitutivas de negocios jurídicos, en los cuales la voluntad del
sujeto es absolutamente autónoma para conformar sus efectos, pueden ser
revocadas libremente; pero, sobre aquellas configurativas de actos jurídicos
en sentido estricto y cuyos efectos se encuentran previstos y determinados
en el ordenamiento jurídico, de manera imperativa, es inadmisible
reconocer la potestad revocatoria del testador, pues los efectos no dependen
de su voluntad, a excepción de lo previsto en la legislación. Especialmente,
la doctrina se ha manifestado contraria a la posibilidad de revocar el
reconocimiento de hijos. Si se parte de considerar dicho reconocimiento
41 SCAEVOLA, Q, M., Código…, cit., p.718.
42 ROYO MARTÍNEZ, Miguel, Derecho Sucesorio, “Mortis Causa”, Primera Parte,
Facultad de Derecho, Universidad de La Habana, La Habana, 1991, p 189.
Dr. Julián A. COLLADO BETANCOURT
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como un acto jurídico de naturaleza familiar, el criterio mayoritario es el de
estimar irrevocable el reconocimiento, el cual mantendría su eficacia y
surtirá efectos a la muerte del testador. El reconocimiento testamentario de
hijos se considera como una confesión extrajudicial, pudiendo ser utilizado
como prueba documental en un proceso filiatorio. Considera la doctrina,
reiteramos, que esa declaración mantendría su valor aún en el caso de ser
revocado total o parcialmente el testamento donde se contiene.
Al asumir el principio de revocación tácita del testamento el Código Civil
de 1987, categóricamente establece que el testamento anterior queda
revocado absolutamente por el posterior perfecto, de tal forma en la práctica
no llegan a conocerse las disposiciones del anterior testamento, pues la
eficacia que se discute al ocurrir el deceso del testador es la del último
testamento otorgado siendo el único que se hace público y son sus
disposiciones las que se conocerán y ejecutarán sin que, para nada, se
conozca o valoren las disposiciones del anterior, por lo cual sería soslayado
el reconocimiento del hijo hecho en el testamento anterior y nunca se
conocería de esa disposición.
Constituyen limitaciones a la autonomía de la voluntad, en la sucesión
testamentaria, dispuestas por mandamientos del Código:
- En general, aquellas previstas por mandato de ley como causas de
nulidad de los actos y negocios jurídicos reguladas en el artículo
67.
- El no poder otorgarse el testamento por medio de apoderado o de
terceras personas acorde con el apartado 1 del artículo 477.
- La prohibición del testamento mancomunado prevista en el
apartado 2, del artículo 477.
- La restricción establecida en el artículo 480.2, en cuanto a las
personas que como excepción no pueden ser instituidas ni como
herederos, ni como legatarios por haber intervenido en el
otorgamiento del testamento.
- La limitación a la libertad de testar, reducida a la mitad de la
herencia, cuando existen herederos especialmente protegidos
conforme lo ordena el artículo 492, en su primer apartado.
- La prohibición de imponer gravámenes a la porción hereditaria
correspondiente a los herederos especialmente protegidos
establecida en el apartado segundo, del artículo 492.
- La nulidad de la institución de herederos hecha por el testador,
ordenada en el artículo 495.1; como consecuencia de la preterición
de herederos especialmente protegidos y de los legados cuando
exceden la porción a ellos reservada.
- La imposibilidad de rehabilitar a los incapaces para heredar
incursos en la causa de incapacidad absoluta prevista en el artículo
470, por haber abandonado definitivamente el territorio nacional,
precepto de orden público que la voluntad del causante no puede
modificar.
Sistemas de revocación del testamento: Una visión desde el Derecho cubano.
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9. El sistema de revocación tácita en Cuba. De España nos vino e
incólume se quedó
El sistema revocatorio acogido en el segundo apartado, del artículo 479, del
Código Civil cubano, al enunciar que: “El testamento posterior revoca al
anterior, excepto que el testador exprese su voluntad de que éste subsista en
todo o en parte”, es de firme raigambre romanista y constituye un remedo
de la regulación establecida en el artículo 739 del derogado Código Civil
español de 188943; inexplicablemente, de manera contraria a las
concepciones jurídico-doctrinales modernas, el Código de 1987 mantuvo la
estricta concepción romanista de la revocación tácita, máxime cuando fue el
último Código del siglo XX en Latinoamérica, con pretensiones de
modernidad y tendiente, en el plano social, a dar respuesta a los profundos
cambios determinados por el establecimiento del socialismo en Cuba.
Desconociendo las ventajas del sistema de revocación expresa, lo legislado
puede, en ocasiones, lacerar los legítimos intereses del causante y el
ejercicio de su autonomía individual ya que, la insuficiente orientación del
Notario ante el cual se otorgue el testamento, la inexperiencia de las
personas ante las cuales se testa en las situaciones excepcionales o el propio
desconocimiento del testador al otorgar un testamento ológrafo pueden
determinar un resultado contrario al de su verdadera intención y última
voluntad pues, al otorgar un nuevo testamento destinado únicamente a
complementar las disposiciones del anterior o a establecer otras atípicas,
etc., quedarían revocadas las anteriores manifestaciones de voluntad si no se
hiciera constar de manera expresa la intención de que éstas conserven
parcial o totalmente su valor. Ese criterio rígido contenido en la norma del
artículo 479, se ha seguido de manera silenciosa y ni siquiera ha sido
cuestionado en su justeza por la doctrina y la jurisprudencia patria en los
años de vigencia del Código, salvo por VALDÉS DÍAZ quien, al referirse al
tema ha dicho: “A mi juicio, para lograr que efectivamente se cumpla la
voluntad del testador, deberían subsistir ambos testamentos en todo aquello
que resulten compatibles. No obstante, a pesar de las críticas a que ha sido
sometida la anterior fórmula legislativa, fue la que acogió el Código Civil
cubano vigente en su regulación de la revocación tácita, en franco calco de
su antecesor español, según se advierte de la lectura del artículo 479.2”44.
Criterio que comparto con la autora y que fundamento en lo que califico
como justicia sucesoria y respeto a la última voluntad del causante.
43 En su artículo 739, el Código Civil español vigente en Cuba hasta 1988,
establecía: El testamento anterior queda revocado de derecho por el posterior
perfecto, si el testador no expresa en éste su voluntad de que aquél subsista en todo
o en parte”.
44 VALDÉS DÍAZ, Caridad del C., “Ineficacia testamentaria”, en Derecho de
Sucesiones, tomo II, Leonardo B. Pérez Gallardo (coordinador), Editorial Félix
Varela, La Habana, 2004, p. 157.
Dr. Julián A. COLLADO BETANCOURT
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El apartado tercero del artículo en cuestión, establece: “Si las disposiciones
del testamento posterior son incompatibles con las del anterior, se está a
las disposiciones del último testamento”; por su forma de redacción y por
la técnica jurídica empleada (al situar esta disposición en un numeral aparte
del segundo y no a renglón seguido dentro del propio numeral segundo)
aparenta acoger la posición inversa y, afiliarse entonces al sistema de
revocación expresa, en el cual es posible la coexistencia de diferentes
manifestaciones de voluntad, estándose a la última cuando las de la anterior
sean contradictorias u opuestas a aquella. Dada la tradición jurídica
española, presente en la historia jurídica cubana y la propia letra del
apartado segundo, como se ha dicho de firme raigambre romana, más
parece complementar a esa disposición, en mi opinión, como previsión para
los casos en que el testador exprese su voluntad de que el testamento
anterior conserve su valor total o parcialmente, resultando opuestas o
contradictorias sus disposiciones, elemento que saldría a relucir al
comparar e interpretar las manifestaciones de última voluntad contenidas
en ambos testamentos.
10. A manera de epílogo
Si bien el Código Civil cubano de 1987, no hace referencia expresa al
principio de la autonomía de la voluntad en materia sucesoria, es
incuestionable su presencia en las normas que la regulan. El ejercicio de la
autonomía de la voluntad encuentra cauce amplio y suficiente para que el
testador ejercite una amplia gama de facultades que garantizan el
cumplimiento de su última voluntad y, cumpliendo con las exigencias
legales, el testamento constituye la ley de la sucesión (lex privata). Dentro
de las facultades atribuidas al testador ocupa un lugar cimero la esencial
revocabilidad de las disposiciones testamentarias. Acorde con las normas
establecidas, el testamento puede ser revocado por el testador (el sujeto de
la revocación de las disposiciones testamentarias ha de ser el mismo que las
otorgó) en cualquier momento posterior a su otorgamiento y hasta el
momento de su muerte, siempre que mantenga la capacidad jurídica para
formalizar dicho acto revocatorio. Resulta necesario enfatizar aquí que, la
autonomía de la voluntad en el acto revocatorio por el testador es casi
ilimitada con la sola excepción de las formalidades exigidas para su
realización.
Como protección y garantía a la expresión de la última real voluntad del
testador, la doctrina y la jurisprudencia cubanas han de acoger el principio
de revocación expresa dando, a través de la actividad interpretativa de las
disposiciones contenidas en los diferentes testamentos, flexibilidad a la
posición asumida por el Código Civil de 1987. Transitar al sistema de
revocación expresa sería una garantía a la justicia sucesoria y a la
realización del principio del favor testamenti; constituiría una precaución en
aras de la seguridad de la última voluntad del testador, al tener éste que
declarar expresamente (con conocimiento de causa) su voluntad revocatoria,
ello excluiría resultados indeseados por el testador, provocados por una
Sistemas de revocación del testamento: Una visión desde el Derecho cubano.
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deficiente orientación del Notario ante el que se otorgue el testamento; o,
por el desconocimiento del personal autorizado (pero no especializado) ante
el que se testa en el caso de los testamentos especiales; o, por el propio
desconocimiento del testador en el otorgamiento de un testamento ológrafo.
En consonancia con la modernidad no debe mantenerse el criterio rigorista
del Derecho romano; no siempre lo moderno ha de deslumbrar al jurista
pero, si lo moderno implica equidad, mesura, justeza, por demás demostrada
en otros ordenamientos jurídicos y convenientes a los fines sociales del
Derecho, es prudente cambiar los viejos derroteros y poner la vista en el
cambio, en el caso que nos ocupa, de las concepciones imperantes en cuanto
a la revocación y abrazar el sistema de revocación expresa por los
beneficios que ello reportaría en el orden de la sucesión testamentaria en
Cuba.

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